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Basquiat: Del callejón al GuggenheimBasquiat: Del callejón al Guggenheim

Basquiat: Del callejón al Guggenheim




  • Vivió 27 años. Su carrera artística duró apenas ocho.

  • Empezó haciendo graffitis con el 'tag' SAMO©.

  • Pintó cerca de 1.000 cuadros y realizó otros 2.000 dibujos

  • Compartió lienzos con Andy Warhol. Fue novio de Madonna. Participó de la explosión del hip hop en Nueva York de los 80.

  • Fue el artista afroamericano más importante de todos los tiempos.

  • Así aparece Jean-Michel Basquiat en la gran exposición que le dedica el Guggenheim de Bilbao.


Un objeto encontrado que se convierte en arte. Cortar y pegar de diferentes medios:el acontecimiento deportivo del fin de semana, aquel libro de Mark Twain sobre la mesilla de noche, las noticias de la tele, la Biblia, las polaroids de aquella fiesta... Dedicarle el mismo interés a Leonardo Da Vinci que a Cy Twombly y que al amigo graffitero muerto a manos de la policía. Contradicciones y oposiciones:blanco contra negro, rico contra pobre, clásico contra moderno. Imágenes y texto. BeethovenCharlie ParkerBlondie,Run DMC... Si hubiese aparecido en estos tiempos, el arte de Jean-Michel Basquiat podría entenderse como hijo de la era de internet: igual que esa pantalla con muchas ventanas del navegador abiertas y diferentes aplicaciones funcionando al mismo tiempo. Pero Basquiat murió en 1988, víctima de una sobredosis a los 27 años. Internet todavía tardaría una década en instalarse en las vidas de la gente. Por eso, la gran exposición que le dedica el Museo Guggenheim de Bilbao, la mayor jamás celebrada en España sobre el artista afroamericano más importante de todos los tiempos, tiene ese aire de premonición y de actualidad. También su visión del racismo y la opresión en la que viven los negros en Estados Unidos, en un momento en que vuelven a verse escenas de revueltas en lugares como Baltimore o Ferguson (Missouri). No es gratuito el título de la muestra: 'Ahora es el momento', una frase que Basquiat extrajo de una canción de Charlie Parker ('Now's the time'), pero que también aparece en el discurso de Martin Luther King 'I have a dream'.


Pero la exposición del Guggenheim - fue un curioso diálogo con la otra gran exposición que alberga el edificio, la de Jeff Koons- no pretendio ser una proyección del arte de Jean-Michel Basquiat (Nueva York, 1960-1988) sobre los asuntos de nuestra actualidad, sino un desmenuzamiento de su obra en los principales ejes temáticos que le movieron a coger los pinceles en tan corta y prolífica carrera. Comisariada por Dieter Buchhart y Álvaro Rodríguez Fominaya, la exposición se ha realizado en colaboración con la Art Gallery de Ontario (Canadá), donde ya se exhibió, aunque llega ahora a Bilbao ampliada y mejorada, según 
por su exhaustividad a la hora de recordar «a uno de los artistas más influyentes del arte actual", no sólo en el ámbito de las plásticas, sino en la cultura en general.
la "mitología en torno a su figura". Es decir, su consciencia absoluta de la historia del arte, su maestría en el dibujo, su obsesión con la anatomía humana (a raíz de un accidente en el que fue atropellado por un coche siendo niño, su madre le regaló el clásico manual de Gray, cuya presencia es una constante en las obras que conforman la muestra) y su capacidad para deconstruir el arte de forma absolutamente original y premonitoria: en estas piezas Basquiat pinta, borra, repinta sobre lo borrado, tacha, pega, cubre con serigrafías, modifica...
Para Buchhart, el despliegue temático de Basquiat podría resumirse en una frase que dijo el propio artista: "Lo que me interesa es la realeza, el heroísmo y las calles". Tres vértices como los tres picos de las coronas que lucen muchos de sus personajes y que, convertidas otras veces en halos como los de los santos, pretenden dar dignidad a esos héroes afroamericanos a los que idolatra el pintor. Boxeadores como dioses africanos, las piernas de Jesse Owens que derrotaron a los atletas arios en los Juegos Olímpicos de la Alemania nazi, jugadores de 'baseball' cuyos nombres se repiten... Esta exaltación de la negritud protagoniza uno de los primeros espacios, titulado 'Héroes y santos'. Al lado, una sala recoge sus primeros escarceos con el graffiti con el tag SAMO©, acrónimo de"same old shit" ("la misma mierda de siempre"), una escuela de la calle que, sin embargo, tampoco quiso subrayar tras su posterior reconversión al arte de galerías. "La mayoría de estas personas son, sencillamente, racistas", dijo Basquiat en una ocasión sobre quienes le calificaban de 'graffitero'. "Y hablan una y otra vez de graffiti, pero lo cierto es que yo no me considero un artista del graffiti. Tienen esa imagen de mí, la de un hombre asilvestrado que corre, como si fuera un mono salvaje, no sé en qué cojones están pensando".
Conectando con lo anterior, el siguiente bloque, 'Reivindicando historias', aborda estas preocupaciones sociales de Basquiat, materializadas tras la muerte, a manos de la policía, de su amigo, el 'graffitero' Michael Stewart. "Podía haber sido yo, podía haber sido yo", se repite el artista una y otra vez. Y su identificación con Stewart aparece en los lienzos, como llenando la silueta, el hueco que dejó su amigo. Un juego de identificaciones e identidades que sigue en el apartado 'Reflejos' y que ahonda en el tema de la raza. Como recordó Buchhart, a pesar de su meteórica ascensión y de que se convirtió rápidamente en un artista adinerado, Basquiat "no podía coger un taxi en Nueva York" debido a su condición. Una identidad racial todavía más compleja, en cuanto hijo de padre haitiano y madre de ascendencia puertorriqueña, de la que heredó su gusto por introducir palabras en español en sus obras. Por eso, la yuxtaposición fue otra de las constantes en su producción. La sala dedicada a'Dualidades y doble identidad' así lo recoge, como una especie de ying y yang en que la leche es símbolo de pureza y blancura frente al negro que puebla el lienzo. O, tomando un ejemplo mucho más mundano, una galleta Oreo, que encierra entre dos piezas de chocolate oscuro una crema inmaculada, pero que también sirve como metáfora de aquellos negros 'blanqueados' por dentro a los que la comunidad afroamericana se refería con desprecio. Basquiat era consciente que muchos hermanos le miraban así y no dudó en referirse a él mismo de ese modo en algunas piezas.
Este humor continua en el siguiente apartado, 'Jugando a hacer trampas: dibujos y provocaciones', donde se detalla el apropiacionismo del artista a partir de iconos de la publicidad o del lenguaje del cómic, un arte que Basquiat quiso cultivar desde niño y que terminó introduciendo en sus corta-y-pega.
El Guggenheim dedica la sala más amplia de la exposición a las colaboraciones con otros artistas. La más importante fue la que realizó con Andy Warhol, en los últimos años de vida de éste y cuando la crítica le había vuelto la espalda por su avidez de dólares. La presencia de Basquiat rejuveneció al creador de la Factory e incluso volvió a pintar después de muchos años sin coger un pincel. Sin embargo, más que colaboración, aquello fue una "lucha física", en palabras de los comisarios, dado que Basquiat pintaba por encima de lo que había hecho Warhol y, en algunos casos, hasta borraba el trabajo de su compañero. Esto queda reflejado en la pieza'Don't tread on me' ('No me pisotees') en la que Basquiat tomó una de las impresiones del símbolo del dólar que había realizado Warhol y pintó por encima una serpiente y esta frase, asociada a los movimientos anarquistas.
La exposición se cierra con 'Sampling y scratching. Música, palabras y collage', donde se recoge a través de de proyecciones y 'playlists' la relación del pintor con esas otras formas de arte surgidas en Nueva York por aquellos mismos años y vinculadas originariamente al hip hop.
El propio Basquiat produjo algún álbum de amigos 'raperos' y montó un grupo más orientado a la experimentación, Gray, en el que también militaba el actor Vincent Gallo, y que se movía en la órbita de la No Wave neoyorquina, con grupos como ADN, de Arto Lindsay. La conexión musical no se quedó ahí, puesto que el joven pintor apareció en el vídeoclip de 'Rapture', de Blondie, y la cantante de este grupo,Debbie Harry, fue la primera persona que le compró un cuadro, por 200 dólares. Basquiat fue novio de Madonna por una temporada, lo cual muestra también su idea respecto a las relaciones interraciales. Fue amigo y colaborador de Keith Haring, otro de los nombres inevitables del arte de Nueva York de aquella época y contó con la protección de Maripol, figura clave para entender la escena de entonces, quien produjo el filme 'Dowtown81', protagonizado por un jovencísimo Basquiat que quería encontrar su camino, antes de dar el salto de las calles al Olimpo del arte.

Elaborado por Oscar Perez

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2 comentarios:

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