Zygmunt Bauman, filósofo y sociólogo: “Ya no somos lo que hacemos, sino lo que compramos”
La mirada de Zygmunt Bauman sobre la felicidad vuelve a cobrar fuerza en una época dominada por el consumo rápido. Sus ideas permiten entender por qué tantas personas buscan bienestar en lugares que no siempre lo ofrecen
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- Víctor Küppers, coach motivacional: "La vida tiene más que ver con ser buena persona y ayudar a otros que estar siempre riendo y contento"
- Massimo Recalcati, psicoanalista: "Un hombre feliz no es el que lo tiene todo, sino el que sabe desear lo que importa"
Felicidad y consumo se cruzaron en el pensamiento de Zygmunt Bauman (1925-2017), el filósofo que dejó una advertencia tan sencilla como incómoda: “Hay muchas formas de ser feliz, pero en la sociedad actual todo pasa por una tienda”. Su diagnóstico, repetido hoy en debates sobre psicología y bienestar, sigue iluminando un paisaje emocional marcado por la prisa, las pantallas y la necesidad constante de estímulos. Bauman, que también era sociólogo, insistía en que el bienestar no podía reducirse a la inmediatez del consumo, porque esa vía, aunque tentadora, es también la más frágil.
Su reflexión no surgía de un impulso moralista, sino del análisis de cómo cambiaron nuestras vidas al pasar de la “sociedad sólida” a lo que él bautizó como “modernidad líquida”. En ese tránsito, según explicaba, “ya no somos lo que hacemos, sino lo que compramos”, una frase que resumía el desplazamiento de la identidad desde el esfuerzo y los valores hacia la acumulación de objetos. Los vínculos se vuelven inestables, el trabajo es incierto y hasta la sensación de pertenencia se mueve como arena fina entre los dedos. En ese escenario, la felicidad parece desdibujarse entre estímulos momentáneos que exigen renovarse una y otra vez.
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Bauman no negaba el placer de comprar, pero advertía que “se trata de una satisfacción fugaz”, una chispa que desaparece tan rápido como llega. Por eso alertaba sobre la “trampa de la satisfacción”, esa rueda en la que se confunde bienestar con adquisición. Su mensaje, lejos de ser pesimista, apuntaba a una pregunta muy actual: si la felicidad se agota tan rápido en cuanto salimos de la tienda, ¿por qué insistimos en buscarla allí?
La otra cara de la felicidad, según Bauman
La advertencia del filósofo se hacía más clara cuando recordaba que “al ir a las tiendas a comprar felicidad, nos olvidamos de otras formas de ser felices, como trabajar juntos, meditar o estudiar”. Su reflexión se sostenía en décadas de observación de una sociedad donde todo es “provisorio”, donde los vínculos se tensan y hasta el tiempo libre parece diseñado para consumir.
La ciencia ha ido respaldando esa mirada. La neurociencia confirma que actividades como hacer ejercicio, conversar, leer, cantar o ayudar a otros disparan en el cerebro dopamina, oxitocina y serotonina, las mismas hormonas asociadas al bienestar profundo y sostenido. Sin embargo, lo que él llamaba “sociedad líquida” ha relegado estas experiencias frente a la promesa inmediata de las compras o el brillo hipnótico de las pantallas.
Según Bauman, la felicidad necesita raíces más hondas que una objeto recién comprado
Un dato que el propio Bauman citaba con frecuencia aparece en un estudio de la Universidad de Harvard, que demostró que las relaciones humanas son el factor más estable para una vida feliz, aunque también uno de los más descuidados en una cultura que confunde rapidez con plenitud. Su legado, desde Amor líquido hasta Trabajo, consumismo y nuevos pobres, recuerda que la felicidad necesita raíces más hondas que una objeto recién comprado.
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